EL ALMA DE LA PIEDRA
Segundo día en Atenas
Frío; hace frío en Atenas aunque el sol brilla en el cielo. El aire sopla norteño; un Euros frío o un Bóreas… Lástima que la torre de los Aéridas no tenga ya su veleta para denunciar qué hijo de Eolo nos la está jugando. No sé: me descoloca este desacostumbrado frío helénico. Me asomo a la ventana y veo al ateniense de a pie camino al trabajo, encorvado, recogido sobre sí mismo con la cabeza entre los hombros y los ojos asomando por encima de la bufanda. No debe de ser tan inusual este frío y creo haber visto más de una vez en las noticias la acrópolis nevada.
El desayuno está preparado y con resignación me dispongo a tomar el consabido zumo de “polvorín” de naranja; un café aguado americano y algo de la bollería típica. Nunca entenderé cómo ni por qué en tantos hoteles de tipo medio ( los gran categoría no he tenido el placer…) esta aberración cítrica nos destroza un buen desayuno , y menos en países como Grecia o España, donde las naranjas son de producción nacional.
Un ruidoso grupo de griegos ha bajado a desayunar. Kalimera, kalimera... ¿ti kánete? Parece que son habituales y conocen al servicio del hotel. Algunas buenas costumbres de la dieta mediterránea aún se conservan . Observo sin disimulo sus platos rebosantes en la mesa: yogurt con nueces y miel; un yogurt tan espeso que se sostiene en pie , temblón como un flan. Aceitunas negras y verdes; varios koulouris ( una especie de trenzas o roscas de pan con sésamo, duras y crujientes, y café: repiten café varias veces. Y no es de extrañar: acostumbrados al café turco… ejem.. perdón al café helénico, de sabor fuerte y lleno de posos, este aguachurri casi marrón debe de ser muy poco estimulante. Seguro que más tarde los veo en algún café cercano tomando su dosis diaria de cafeína en vena.
El resto del personal no parece muy decidido a probar y salirse de esta sosería con sabor a café. En los tiempos antiguos, y no tan antiguos ( alguno tendrá abuelos que lo recuerden) el desayuno consistía en queso , la forma natural de conservar la leche, aceitunas y algo de aceite de oliva untado en su " artos" o pan, sin levadura, claro ( una especie de torta similar a la que aún se usa en las tradicionales pitas). Me asalta de repente el aroma de una tostada recién hecha, con su aceite de oliva y su tomate, como aprendí a tomar durante el tiempo que viví en Jaén….
En fin, el tiempo se echa encima y hay que aprovechar la mañana: en invierno los sitios arqueológicos cierran muy pronto y hoy comemos en casa de Apοstolιs. La tarde está echada. Estarán sus hijos con sus novias, su mujer y su suegra, y casi seguro que, a los postres, se unirá algún vecino curioso.
Nuestra primera “visita oficial” no será la Acrópolis: lo bueno tiene que hacerse esperar; hay que ir vistiendo el esqueleto de ideas que llevamos sobre Grecia con los ropajes que el Museo Nacional de Arqueología nos va a dar. Si antes de viajar a un país , te informas y te compras una guía... cuando ya estás en Atenas, esta visita debe ser tu primer objetivo. Los restantes sitios de Atenas, como la estatua de Pigmalión, irán tomando vida ante tus ojos: se llenarán de color, de joyas, de esculturas, de pinturas ....
La estación de metro Thissio está al lado mismo del hotel y tomando dirección Kifissiá nos bajamos en Reina Victoria muy cerca del Museo. Los autobuses mal aparcados en línea frente al museo y el hormiguero de turistas que pululan entre los jardines y la escalinata delatan su ubicación concreta. En la calle de al lado, la Parodos Tositsa, el archivo del Museo debo renovar mi tarjeta de libre entrada: estudiantes, profesores, periodistas y “jubilautas” acreditados tienen entrada libre; el resto, toca pagar 7 € o esperar al sábado, que es gratuito.
El museo en sí, como edificio ya es un digno marco para las obras de arte que contiene: de corte neoclásico, ideado por el ubicuo Hansen ( de origen danés como su rey Jorge), está siendo sometido también a un lifting estético: es posible que también lo encuentres andamiado, como tantos otros sitios. Felizmente, se ha decidido ampliarlo mediante unas nuevas galerías subterráneas. Más obras, que esperemos, no afecten a las visitas… Pero es , sobre todo , el contenido y no el continente lo que nos trae aquí.
Un museo puede ser una delicia … y una tortura si no lo tomas con tiempo; ver por ver, por hacer una foto o decir que lo has visto es algo habitual que espero, viajero, no sea tu propósito, porque entonces… ¿ Qué haces leyendo estas letras? No se puede ver el museo del Prado en un día, ni el Louvre, ni el British Museum de Londres… Y no es que vaya a comparar yo las dimensiones de estos con el ateniense, pero de la misma forma que un medicamento, el empacho museístico puede producir efectos secundarios nocivos para la salud…mental. Y en Grecia, particularmente, hay muchos museos que ver. Tómate una mañana o una tarde larga, sin prisas y elige lo que vas a ver. Si es invierno, te agradará el calor de su interior; si verano, será un excelente refugio contra la solana y el calor.
Tras dejar tus enseres en la taquilla y pasar los controles de seguridad, que más bien son pocos, te encontrarás en un vestíbulo abierto a los cuatro puntos cardinales. Y es importante llevar un plan de visita para no perder el tiempo ni perderte en el tiempo; Yo ya tengo planteada mi ruta; me guía Clío, la musa de la Historia. Aunque uno siente deseo de entrar por la puerta frontal que abre los tesoros de Micenas y el oro, empezamos por la sala lateral, la de esculturas cicládicas. ¡ Me encantan! Su diseño estilizado, la sencillez y el brillo del mármol de estas estatuillas siguen afirmando mi creencia de que la modernidad empezó en el IV Milenio a.C. Y estas caras alargadas.... pienso en Modigliani , en Brancusi o Giacometti.
El mármol blanco ha perdido sus vivos colores originales, pero bajo la luz de su vitrina reverberan el arpista, los tocadores de flauta, esas figuras a medio camino entre violines y seres humanos, las alargadas caras de mirada perdida… Si te han tocado el alma, tienes un encantador museo excelente tanto por su colección como por su presentación: el Museo de Arte cicládico , que recomiendo vivamente, si es que tienes tiempo. Uno de los lugares con más “encanto” de Atenas, ahora que tanto se lleva eso de señalar los “ lugares con encanto”. A los pies de la colina de Lycabittos, en el exquisito barrio de Kolonaki, el matrimonio Goulandris dedicó parte de su fortuna amasada como armador, a coleccionar obras de arte cicládico en los sesenta, cuando aún era desconocida y extravagante. Recientemente la nueva mecenas griega Ekaterina Goulandris, más conocida como Dolly, ha fallecido a consecuencia de un cáncer. Su colección, no obstante había crecido tanto que se vieron en la necesidad de ampliar el edificio añadiéndola preciosa casa Sthatatos, de tipo romántico. La reconocerás fácilmente por su blanca escalinata y el porche oval que sirve de entrada. Lo dicho: un lugar con encanto por fuera y por dentro.
Pero retomemos el hilo que nos dio Ariadna para nuestra veloz visita al Museo. No te reprocharé, viajero, que te dejes seducir por los brillos del oro. El oro de Micenas, el mito machacado hasta la saciedad en tantas clases de historia, y finalmente... aquí, se convierte en realidad y la "ciudad rica en oro" se desparrama entre estas vidrieras. Homero se hace más presente que nunca. El suntuoso vestuario y utilería que describen sus poemas se hacen patentes en esta sala en estas monedas, vasos de oro, joyas y adornos descarnados que han perdido el tejido o el cuero que un día las soportaron y dan cuenta del lujo que los micénicos alcanzaron: pero he aquí que lo que el arqueólogo amateur Schliemann (con más afán de notoriedad que rigor científico) descubrió no se correspondía con el literario período sino que era muy anterior en el tiempo al de la famosa contienda entre griegos y asiáticos, entre Aqueos y Troyanos. Usa las lupas que te ofrecen para ver el detallismo de las grabaciones de los sellos; para ver la minuciosidad y el realismo de las escenas de cacería grabadas en los filos de esas espadas que un día llevó un gran "señor de la Guerra"; ese vaso votivo o Rython en forma de cabeza de toro negro de dorada cornamenta o la cabeza de la leona; y déjate los ojos en el Vaso de Vafio: el olivo con cada una de sus olivas, el retorcido de la cuerda, el arado y el buey …
Cada año que regreso me dedico a la "autopsia" de una de esas piezas que amo y que encienden mi imaginación con un fuego que debo, evidentemente, a la literatura; y en especial a Homero. Entiendo que no hay tiempo para detenerse y me duele, pero el viaje tiene "horas contadas"; ahora viene una lección diacrónica de la historia de la escultura: empezando por la parte arcaica, con sus estupendas Korai ( chicas) y Kouroi ( chicos), tremendos en sus dimensiones, estáticos y sonrientes con sus geométricos peinados trenzados ( date una vuelta alrededor de ellos). Apenas acaban de salir del tronco de madera ( xoanon) que fue su inicio hace ya no se sabe cuánto, hasta quedar atrapados en la rigidez del mármol arcaico; y hasta parece, que van aprendiendo a caminar como niños tambaleantes conforme pasan los siglos: primero un paso, luego un brazo despegado del cuerpo; los cuerpos se moldean, muestran un músculo más marcado; las chicas que, aún conservan en bastante buen estado restos de la policromía perdida que tuvieron, cambian sus rígidos vestidos por peplos con pliegues que les dan movimiento. Y entre sonrisas, estos jóvenes atletas de almendrados ojos se van haciendo más humanos y se desprenden de su dureza de piedra hasta convertirse en auténticos dioses y diosas. Hemos llegado a la escultura clásica , propia de una época que volvió sus ojos hacia el “ άνθρωπος”, el hombre, la medida de todas las cosas: la democracia, el teatro, la filosofía … ¿qué podemos añadir? En este nuevo universo la divinidad es la perfección suma a la que aspirar. Todavía distantes, los dioses nos juzgan, observándonos con su mirada vacía y su expresión sombría, hasta convertirse en gráciles bailarines capaces de sostener todo su peso en apenas un punto de apoyo... como si flotaran. Su seriedad se trueca sentimiento, “pathos”, que dirían los griegos, y el rostro del viejo filófoso se cuaja de arrugas y de dolor el del cansado boxeador; o bien te arrancan una sonrisa unos niños juguetones o unas diosas pilladas en sus momentos más íntimos.
No te pierdas el Muchacho de Anticitera ( te estará mirando con sus ojos vidriados); o el Zeus-Poseidón de Itome ( imagina un rayo en su mano, o un tridente), o el grupo de Afrodita zurrando al sátiro Marsias con su sandalia... encantadora.
Hemos terminado nuestro paseo por la escultura en el ala helenística y romana y con ello nos hallamos de nuevo en el vestíbulo de entrada, que nos invita a salir y a dejar macerar en el recuerdo tanta belleza contemplada.
Cuando me vengo a dar cuenta, a mi grupo se han unido unas cuantas personas de más... ¿Permiso? Pues claro... donde comen dos, comen tres... se dice; donde aprenden treinta, aprenden treinta y seis... Bienvenidos y espero que les guste el viaje por la escultura. Quedamos con ellos para la visita a la Acrópolis.
Hemos destacado a las “estrellas” digamos; pero a mí, me interesa en este momento señalar a los actores secundarios, por decirlo en lenguaje cinematográfico; y me refiero a la espléndida colección de estelas funerarias del museo que vas a ver en tu paseo. Una especial cercanía me une con estas esculturas que me hablan de seres dolientes a quienes les cuesta trabajo emprender el viaje final. Todo un mosaico de atenienses que vivieron en esta ciudad de dioses; que amaron y tuvieron hijos que, a su vez, jugaban con sus pajarillos; que crecieron ,fueron a la guerra y murieron; que fueron enterrados por sus seres queridos. Es como si una ventana indiscreta se abriera para dejarnos espiar este íntimo momento de la despedida final. Retén estas imágenes en tu memoria, viajero, porque uno de los rincones más interesante y menos conocido de Atenas por el gran público será el “ cementerio del Cerámico” muy cerca del ágora. En su momento, nos ocuparemos de este remanso de paz, nunca mejor dicho, en la bulliciosa Atenas.
Nuestra primera visita por hoy ha concluido. No conviene extenderse si el tiempo con que cuentas es corto; y si es más largo, vuelve; vuelve como la primavera tras el invierno; como Perséfone volvía cada año al regazo su madre Deméter. Yo , apelando al más poderoso de los juramentos griegos, por la Estige, que volveré.
A la salida del museo, Apostolos nos está esperando : es hora de reposar un poco la cabeza. Po, po,po..... Kiria Marisol siempre musio, musío.... nos dice en su particular español-toro sentado. Ahora, ¿Kafénio , ouzerí? Me ha leído el pensamiento este hombre. Fuera hace frío aún y en este momento bien vendría un buen café griego ( no se te ocurra pedir un café turco si no quieres que te fusilen con la mirada o te suelten una sarta de improperios en griego) : un sketo si te atreves sin azúcar; métrios si te gusta con algo de azúcar o glikós, si te gusta el muy dulce. En todo caso, déjalo en reposo tras remover con la cucharilla: los posos suelen resultarnos una amarga sorpresa. Aún saben poner un buen café en Grecia y siempre lo acompañan con su vasito de agua, como debe ser. Entramos en un kafenio del centro, camino de su casa y charlamos largamente entre sorbo y sorbo de café - Mi amigo se está metiendo un buen ouzo, también con su vasito de agua: para frío muy bueno ouzo, amiga! pero no bueno mujeres.. y bien, acaba de aparecer el especimen de macho que todo griego, sobre todo de mediana edad, esconde en su interior.
Son las dos y media de la tarde y se hace hora de ir a comer. la familia nos espera. Veremos qué nos depara la experiencia.
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