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sábado, 25 de junio de 2011

EL ALMA DE LA PIEDRA



Segundo día en Atenas 


 Frío; hace frío en Atenas aunque el sol brilla en el cielo. El aire sopla norteño; un Euros frío o un Bóreas… Lástima que la torre de los Aéridas  no tenga ya su veleta para denunciar qué hijo de Eolo nos la está jugando. No sé: me descoloca este desacostumbrado frío helénico. Me asomo a la ventana y veo al ateniense de a pie camino al trabajo, encorvado, recogido sobre sí mismo con la cabeza entre los hombros y los ojos asomando por encima de la bufanda. No debe de ser tan inusual este frío y creo haber visto más de una vez en las noticias la acrópolis nevada.


El desayuno está preparado y con resignación me dispongo a tomar el consabido zumo de “polvorín” de naranja; un café aguado americano y algo de la bollería típica. Nunca entenderé  cómo ni por qué en tantos hoteles de tipo medio ( los gran categoría no he tenido el placer…) esta aberración cítrica  nos destroza un buen desayuno , y menos en países como Grecia o España, donde las naranjas son de  producción nacional.

Un ruidoso grupo de griegos ha bajado a desayunar. Kalimera, kalimera... ¿ti kánete?  Parece que son habituales y conocen al servicio del hotel. Algunas buenas costumbres de la dieta mediterránea aún se conservan . Observo sin disimulo sus platos rebosantes en la mesa: yogurt con nueces y miel; un yogurt tan espeso que se sostiene en pie , temblón como un flan. Aceitunas negras y verdes; varios koulouris ( una especie de trenzas o roscas de pan con sésamo, duras y crujientes, y café: repiten café varias veces. Y no es de extrañar: acostumbrados al café turco… ejem.. perdón  al café helénico, de sabor fuerte y lleno de posos, este aguachurri casi marrón debe de ser muy poco estimulante. Seguro que más tarde los veo en algún café cercano tomando su dosis diaria de cafeína en vena.

ATENAS


Me pitan los oídos: el avión ha comenzado a descender y se aprecian más nítidas las espumas que blanquean el Egeo. Algún punto  negruzco  delata la presencia de barcos rumbo, quizás , al Pireo, uno de los puertos más transitados del mundo. El Egeo…. ¡Qué gusto a mito y a paraíso cercano.! El color de sus aguas azules se hace indescriptible: por momentos azul profundo oscuro; por momentos clarea por aquí y allá en verde aguamarina, pero en todo caso qué  azul es este cielo y este mar: azul líquido de cielo y de agua., como el haiku de  Paraskevás Parasoulos:


   Στο δικό του μπλε
   χωρά ένας ουρανός 
   και μια θάλασσα
  
   En su azul
   región un cielo
   y un mar.

Interrumpe mis divagaciones cromáticas una voz falsamente modulada: el comandante nos informa de que vamos a tomar tierra en el Aeropuerto internacional de Elefzerios Venizelu de Αtenas (en el que hace una temperatura de lo más agradable para estas fechas invernales) y de que tenemos que añadir una hora más a nuestros relojes.