Segundo día en Atenas
Frío; hace frío en Atenas aunque el sol brilla en el cielo. El aire sopla norteño; un Euros frío o un Bóreas… Lástima que la torre de los Aéridas no tenga ya su veleta para denunciar qué hijo de Eolo nos la está jugando. No sé: me descoloca este desacostumbrado frío helénico. Me asomo a la ventana y veo al ateniense de a pie camino al trabajo, encorvado, recogido sobre sí mismo con la cabeza entre los hombros y los ojos asomando por encima de la bufanda. No debe de ser tan inusual este frío y creo haber visto más de una vez en las noticias la acrópolis nevada.
El desayuno está preparado y con resignación me dispongo a tomar el consabido zumo de “polvorín” de naranja; un café aguado americano y algo de la bollería típica. Nunca entenderé cómo ni por qué en tantos hoteles de tipo medio ( los gran categoría no he tenido el placer…) esta aberración cítrica nos destroza un buen desayuno , y menos en países como Grecia o España, donde las naranjas son de producción nacional.